Kinesiología con conciencia: cuándo y cómo pedimos permiso al inconsciente
¿Sabías que antes de comenzar ciertas técnicas de kinesiología, debemos pedir permiso al cuerpo? Parece algo simbólico, pero en realidad es una herramienta clave que garantiza que el trabajo que hacemos es seguro, respetuoso y profundamente efectivo. En este artículo, quiero contarte por qué la autorización es uno de los pilares silenciosos de una sesión bien guiada y cómo, incluso sin palabras, el cuerpo puede decirnos “sí” o “no”.
¿Qué es el “Permiso” en kinesiología y por qué es tan importante?
En la práctica kinesiológica, cada técnica que aplicamos tiene un propósito, y muchas de ellas trabajan en capas muy profundas del ser: físicas, emocionales y hasta inconscientes. Por eso, en determinadas situaciones, no podemos simplemente ir y hacer. Necesitamos primero pedir autorización al sistema del consultante. No es un simple formalismo; es un acto de respeto y escucha profunda.
Esta autorización la solicitamos a través de un mudra específico que forma parte del lenguaje corporal kinesiológico. ¿Y cómo sabemos si la respuesta es afirmativa? Observando el reflejo AR (Arm Reflex), un cambio sutil en el tono muscular que nos indica si el cuerpo acepta o no el trabajo propuesto. Este reflejo nos guía como una brújula en medio de un mar de posibilidades terapéuticas.
Cuándo debemos pedir autorización: situaciones clave
No todas las técnicas requieren autorización explícita, pero hay momentos en los que es imprescindible. Por ejemplo:
• Cuando la persona atraviesa un estado de salud grave, físico o emocional.
• En sesiones donde se percibe una fuerte resonancia emocional.
• Cada vez que tenemos duda si el cuerpo sera capaz de soportar la terapia, especialmente en la dimensión emocional o energética.
• Al aplicar técnicas emocionales avanzadas como regresiones, trabajo con el inconsciente o desbloqueos profundos.
Pedir permiso no solo evita intervenir de forma invasiva, sino que también fortalece la conexión con el cuerpo y su sabiduría interna. Porque sí, el cuerpo sabe cuándo está preparado para avanzar.
¿Cómo se pide y se interpreta la autorización?
Utilizamos lo que llamamos mudra de autorización, una posición específica de los dedos que activa la consulta interna al inconsciente del consultante. A partir de ahí, con una técnica refinada de testeo muscular, buscamos el reflejo AR. Si hay un cambio, significa que tenemos vía libre para continuar. Si no, hacemos un paso atrás y replanteamos.
Este proceso es lo que garantiza que nuestras sesiones individuales sean seguras y adecuadas en todo momento. Incluso cuando tratamos aspectos emocionales delicados, siempre trabajamos bajo el consentimiento del sistema profundo de la persona.
Conclusión: trabajar con permiso, trabajar con conciencia
Este simple pero poderoso acto de pedir autorización es parte del compromiso que tengo como kinesiólogo con el bienestar de quienes se acercan a mi consulta. Es también una muestra de que, incluso en las terapias naturales, el respeto y la ética están en el centro de todo.